¿Por qué acuden los hombres a los servicios de las escorts?

¿Por qué acuden los hombres a los servicios de las escorts?

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La gran pregunta que les molesta desde la antigüedad a las mujeres (y, más recientemente, a los especialistas interesados en el fenómeno), se refiere a la debilidad de los hombres para el sexo pagado. ¿Por qué necesitan estos seres instintivos, pero dotados de razón y sentimiento, utilizar el acto primitivo de la gratificación sexual carente de implicación emocional y compromiso?

Las explicaciones no son nada filosóficas o revolucionarias. Porque las razones de los machos enamorados del sexo no tienen nada “wow” en sí, sino que dependen de unas realidades legítimas para todo el mundo que es capaz de ver más allá del ataúd tradicional en el que ha estado acostumbrado “quedarse quieto”. Y la discusión no debe andar en torno al eterno dilema de si las razones son malas o no, sino sólo tiene que traer algo de luz en la casi-niebla creada.

Así que, en orden absolutamente aleatorio, entre las causas que empujan a los hombres a cometer la “hazaña” recordamos las siguientes:

 

1.-La curiosidad. ¿Amor a discreción, parejas desinhibidas, fantasías sin límite? ¿Quién no tendría, en este caso, la curiosidad de descubrir lo que le puede reservar una noche entera (o por lo menos una hora) de placer sin responsabilidades? La respuesta es: “¡Seguramente, muchos!” De éstos, algunos pueden contentarse con las leyendas difundidas por el pueblo, disfrutando indirectamente de los beneficios del amor “imaginario”. Otros, sin embargo, se proponen llegar ellos mismos en el terreno para experimentar de primera mano el sexo “de pago”. Y cuando su horario de trabajo, su bolsillo y su audacia les permiten... incluso lo logran. Si las expectativas idealizadas se confirman o no después de consumir el acto en sí, sólo ellos pueden decir. Lo que se sabe, sin embargo, por cierto, es que la gente satisface, de esta manera, al menos su curiosidad (y no sólo ésta), pudiendo tachar tranquilamente una experiencia más en su lista de prioridades no convencionales.

 

2.-La soledad. Mientras que algunos recurren, de buena gana, al placer “de pago”, otros lo hacen por la necesidad. Aburridos por la soledad, las duchas de agua fría, la pornografía y los lubricantes, por no hablar de la incomodidad en su intento a acercarse a las señoritas disponibles, éstos consideran la adquisición de servicios sexuales como la única alternativa a la existencia aburrida de los solteros inactivos. E, incluso si se visita una escort sólo para recibir sexo, alivio del estrés y (posiblemente) éxtasis, sin probar los otros ingredientes que acompañan a una relación “normal”, por lo menos llegan a estar libres de las erecciones diurnas, que se manifiesta casi conspirativamente, en los peores momentos posibles.

 

3.-El estrés. Para muchos, la tensión mental puede causar diversas complicaciones en la vida cotidiana, requiriendo un tratamiento adecuado. Sin embargo, las formas y los antídotos para el estrés son muy misteriosos. Debido a que algunos optan por relajarse en un fin de semana largo al mar, un episodio loco de puentismo, una caja de huevos podridos dejada en la puerta del vecino gruñón o una tarde pasada en la “intimidad” con la colección personal de sellos. A diferencia de ellos, otros simplemente se desconectan de lo cotidiano cuando intercambian sus nervios y su indiferencia por un episodio de sexo loco “de pago”. Sólo una reunión de este tipo les puede desviar temporalmente la atención de las úlceras, facturas, préstamos bancarios, jefes monstruosos y novias que los hayan, recientemente, dejado por otros.

 

4.-El incumplimiento. La mayoría de los condenados y culpados de los amantes de las emociones de coste adicional son esos señores que, a pesar de que tengan pareja, anhelan la compañía “reprobable” de las escorts. Si para los solteros libres como un pájaro en el cielo la alternativa es, de alguna manera, aceptada por el vulgo, a estos últimos nadie les encuentra circunstancias atenuantes y el hecho parece intolerable, siendo considerado sólo un capricho específico de los machos, que podría tan bien escondido en un cajón de la mente y olvidado allí. Lo único que se pierde en el camino en todo este juicio colectivo, sin embargo, es la potencial insatisfacción sexual del hombre que se hace sentir en la alianza de “casa”, insatisfacción causada ya sea por su propia impotencia para desenmascarar, a cualquier riesgo, sus fantasías algo más atrevidas, ya sea por la incapacidad de su media naranja para permitirle ciertas “extravagancias” en la vida de pareja. Y, debido a que la terapia familiar es muy costosa, la negociación de las preferencias en el dormitorio tediosa y la renuncia sale de la cuestión, los infelices sienten la necesidad de probar, de vez en cuando, el fruto prohibido. Razonable... dicen ellos.

 

5.-La libertad. Otra de las razones por las que los hombres prefieren las damas de compañía es que éstas no les dictan ni la hora de llegada, ni la hora de salida, tampoco los criminalizan porque la 69 sea la posición más indecente del manual de sexología, tampoco les llaman perversos si empiezan a morder su trasero, pronuncian de manera bastante “sonora” palabras vulgares o imploran ser atados con la corbata de la cama. ¡No! Ellas sólo dictan la tarifa. Por lo que es del resto... libertad absoluta. “Nuestro cliente, nuestro maestro”, especialmente si paga de manera reglamentaria. Porque ¿qué puede ser más emocionante para un hombre que saber que todo el mundo está a sus pies, listo para servirle a su sola discreción? Tal vez sólo un gran partido de fútbol, una cerveza fría de la nevera y algunos amigos igual de aficionados como él.

 

6.-La comodidad. Para conseguir sexo, el hombre debe someterse, tradicionalmente, a muchos pasos aburridos y difíciles (en su opinión): comprar flores, sacar a su pareja a cenar o al cine, afeitarse, vestir con buen gusto, perfumarse de manera apropiada e inspirar seguridad (además de confort, obligatoriamente). Para aquellos que ya están en una relación estable, la “faena” se suele traducir por la concepción diaria de piropos suficientemente fiables, la evitación de las cuestiones-trampa de su media naranja, llevar siempre a tiempo la basura, las caricias frecuentes y “al azar”, ceder el control del remoto o la supresión total de la nostalgia de los hábitos tan agradables de los días de “soltero”. A diferencia del patrón general de acuerdo al cual el hombre debe ofrecer para recibir, en la relación con una escort, aunque las cosas son, básicamente, las mismas, la satisfacción es, sin embargo, equilibrada, puesto que el hombre ya no tiene que esforzarse tanto para meterse en la cama con una mujer (después de ofrecer), sino lo único que debe hacer es acostarse tranquilamente, esperando su bien merecido episodio de felicidad. No importa lo tan efímero e ilusorio que sea, lo que importa es sólo que el “invencible” siente que se lo merece... y, por supuesto, lo recibe.

 

7.-La diversidad. A rutina en el dormitorio y la monogamia no están hechas para todo el mundo. Sean cuales sean las ilusiones que se administran, en grupo, las mujeres, la mayoría de los hombres prefieren la diversidad. Tanto de las actividades sexuales, como de sus parejas. ¿Y cómo podrían éstos profundizar, a elección, sus experiencias si no recurriendo a la disponibilidad y la profesionalidad de las más atractivas expertas en la materia? Por lo tanto, las escorts son consideradas como la respuesta adecuada a las necesidades de los señores que o bien están cansados de ser tratados con denegación por sus novias decididas hasta el infinito en limitarse al mismo repertorio sexual, o bien rechazan, desde el principio, la idea de relación exclusiva.

 

8.-La prisa. Vivimos, ¿verdad?, en el siglo de la velocidad, así que, a veces, no tenemos tiempo ni siquiera para el amor. Con un trabajo que ocupa la mayor parte del día, los proyectos que se acaban fuera del horario de trabajo, salir con los chicos para reequilibrarse emocionalmente y varias otras obligaciones de distintos tipos que no pueden, de ninguna forma, ser anuladas, ¿el programa de cuyo hombre permite el espacio de la búsqueda, el cortejo y la acción de “dirigir” hacia la cama a una señora o señorita de la que, posiblemente, haya tenido el tiempo de enamorarse anteriormente? Ciertamente, sólo el de uno que pone por encima (o por lo menos en un nivel igual) la vida emocional de la profesional. Para los otros, sin embargo, la opción salvadora, con la ayuda de la cual ahorran tiempo, energía y consumo emocional, sigue siendo la persona que se dedica a la profesión más antigua del mundo. Pero, gracias a éstas, los individuos en cuestión pueden seguir adelante con sus vidas ajetreadas, disfrutando, al mismo tiempo, del sexo, y también de la libertad de estar comprendidos en una pareja estable que solicite, permanentemente, su disponibilidad casi inexistente.

 

9.-La adicción. Las mujeres son dependientes de las compras y del chocolate, los hombres del deporte y del sexo. O, al menos, esto es lo que dicen nuestros estereotipos culturales. Un oasis de verdad se encuentra, sin embargo, en la creencia que etiqueta, colectivamente, a los machos como personas que anhelan por placeres carnales, que piensan con sus cabezas sólo una vez a la semana, ya que, en el resto del tiempo, utilizan, instintivamente, su cuerpo travieso vulnerable a la desnudez, conocido generalmente bajo el nombre de “pene”. Aunque no todo el mundo está de acuerdo, algunos hombres encajan fielmente en la descripción, por ser de los que no pueden respirar, no pueden disfrutar, no pueden llorar y no pueden dormir si pasan más de 48 horas sin tener relaciones sexuales. Cualquier tipo de relaciones sexuales. Y (casi) con cualquier tipo de persona. Misión que se cumple de manera relativamente fácil por los afortunados que tienen pareja (pero no cualquier tipo de pareja, sino que una igualmente de loca por los placeres del contacto físico). Los problemas surgen en el caso de los solteros, que no pueden salir simplemente a la calle para llamar a las señoritas al amor libre, despojado de implicaciones y compromiso, porque sus esfuerzos serían coronados gloriosamente... del fracaso. Esta situación conduce inevitablemente a la única posibilidad previsible del sexo por dinero, el más disponible de los tratamientos para la “enfermedad” crónica en cuestión, de cuyas manifestaciones calientes algunos incluso se jactan.

 

10.-La adrenalina. Incluso en las áreas en que acudir a los servicios de las damas de compañía es una actividad legal, la acción en sí permanece envuelta en un aura de novedad, misterio e inconformismo, dada la actitud general que sigue siendo “sensible” con respecto al tema. El aura de aventura se hace más resaltante si se trata de sociedades en las que tener sexo por dinero no es sólo un gesto etiquetado como inmoral, sino que también ilegal. El reto de desafiar las normas sociales o incluso las disposiciones legales instiga, sin embargo, a muchos en hacer coraje y exceder el límite que separa a los desterrados, sólo por la adrenalina, de las experiencias “extremas”. Por esta razón, algunos hombres optan por ir a escorts, considerando inestimable su posición de individuos siempre desobedientes, mientras que otros se contentan con orinar en público, hacer gestos indecentes a los policías de tráfico o hacer muecas a las cámaras video públicas. Cada uno según sus posibilidades.

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Como se puede ver, las razones por las que los hombres pagan por lo que podrían tener incluso de forma gratuita, pero en condiciones completamente diferentes, son muchas, variadas y nada enigmáticas. Tal vez de esta forma les resulta más fácil. Tal vez sea así que les parece un poco más interesante. O tal vez ni siquiera tienen otra opción. El hecho es que tanto las elecciones propias, como su imparcialidad, es completamente su responsabilidad, ya sea que tengan novias o que estén solos, muchos ceros salariales o, por el contrario, tengan ingresos absolutamente modestos, maletín de director o guardapolvos de trabajador, remordimientos o... no.

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