Me gustan las mujeres maduras

Me gustan las mujeres maduras

La diferencia de edad entre las personas que forman una pareja ha sido y, lamentablemente, sigue siendo un tema controvertido. “Lamentablemente” porque, normalmente, los problemas de una pareja deberían afectar e interesar sólo a la pareja... y a nadie más.

Sin embargo, “sólo la tumba puede tapar la boca” y, por lo tanto, siempre habrá chismosos molestos, aunque no afectados por nada en su existencia obtusa (por el fenómeno en cuestión), se preguntarán irritados, irónicos y perplejos, ¿cómo puede un hombre estar con una mujer que podría ser su madre? Bueno, las relaciones de este tipo existen y funciona bastante bien, a veces con más éxito que las que existen entre personas con edades similares. E, irónicamente, ¡incluso sin el consentimiento de los “críticos” de especialidad!

Las razones de la atracción de los jóvenes para las mujeres maduras son un poco más complejas, pero el primer conjunto de argumentos brevemente descritos y a primera vista para una respuesta “de introducción” podría ser: su deseo de salir tan pronto como posible de lo incierto e irrelevante de la juventud, a través de una madurez que no les pertenece, pero los atrae por el refinamiento, la sabiduría y la personalidad (una especie de taxi social, con una conductora experimentada y sexy).

La presencia de la mujer “adulta” en la vida de un joven es realmente fascinante. En primer lugar, porque le ofrece la oportunidad de revivir, subliminalmente, los sentimientos gratos de atención y afecto materno (total e incondicional), en esta ocasión, sin embargo, venida de una persona a la que ya no siente avergonzado a imaginar (con la satisfacción del macho “conquistador”), como deseada también por otros hombres.

Hay, por supuesto, suficientes “atracciones” jóvenes, pero a veces parecen no ofrecer motivo alguno de interés. La falta de consistencia, el estilo de moda sin inspiración o el comportamiento casi infantil, representan bastantes razones para evitarlas. También pueden molestar la arrogancia la infatuada confianza en sus “propias fuerzas”, en realidad apoyadas sólo por un aspecto físico agradable, generador de tentación sexual, por el cual, recibiendo atención, consideran implícitamente que son dignas de un verdadero aprecio existencial, sobre todo en relación con valores de los que, probablemente, ni siquiera han oído hablar. Otras veces, se catalogan como demasiado “estridentes”, demasiado vulgares... ya que, por el deseo de hacerse notal rápidamente en la sociedad que apenas descubren con entusiasmo, son tentadas a sobresalir extrañamente por todo lo que hacen. La inmadurez, la inestabilidad y la dependencia (especialmente financiera) de las que son realmente contentas como de un instrumento de medida de la atención de los hombres, hacen que éstos últimos dirijan sus miradas a las descendentes de Eva que hayan experimentado un poco más en la vida, más equilibradas y que tienen casi siempre soluciones milagrosas a los problemas que, aparentemente (para su edad), parecían imposible de resolver.

“Las maduras” han experimentado varias relaciones amorosas hasta ese momento y, de forma natural, han adquirido un poco de “ciencia” de la sexualidad. Eso es lo que inicialmente atrae a los “machos”. Sabiendo ya relativamente bien las tipologías de los hombres, saben cómo acercarse a ellos, cómo seducirlos y, sobre todo... cómo satisfacerlos. Sus parejas jóvenes tienen, de esta manera, muchas cosas que aprender y no hay “clases” de que alguien se aburra o a las que no asista con placer. Por lo tanto, cumpliendo el sueño de todo hombre, el erotismo practicado en abundancia gana su primer lugar y al alumno se deja con todo su ser en un dulce abandono, exclusivamente en las manos de la “profe de sexo”.

En la actualidad, las parejas ya no se ajustan a las normas y tradiciones de otros tiempos. Por lo tanto, poco a poco... parece que la diferencia de edad empieza a no importar tanto, y, si hay atracción, comprensión y afecto, nada puede detener el deseo de acercamiento de la gente, ya que: “en el amor, como en la guerra, no hay reglas”.

Las mujeres maduras conocen extremadamente bien sus ventajas. Tuvieron tiempo suficiente para identificarlas, estudiarlas y cultivarlas, pero sobre todo aprendieron a sacar provecho de ellas, escondiendo los defectos inherentes de cada persona. Y los hombres respetan eso.

La experiencia adquirida en la lucha por la supervivencia, la forma en que llaman la atención por su actitud en cualquier lugar donde hacen sentir su presencia y ese encanto especial... son como una salvadora isla exótica en un mar de falsas apariencias inestables (específicas a las jóvenes que acaban de cruzar el umbral de la adolescencia).

Una de las mayores insatisfacciones de los hombres cuando se trata de mujeres, en general, es que éstas son difíciles, indecisas y siempre descontentas... de todo. Afortunadamente, los problemas en cuestión desaparecen en la edad adulta y las que han llegado a esta etapa de la evolución saben exactamente lo que quieren y son capaces de decir las cosas como son. Los complejos ya son cuestiones del pasado y ahora ya vine sus vidas plenamente, sin tener que esperar, soñadoras, que el sexo sea necesariamente precedido por alguna historia de amor meloso... como en los cuentos de hadas (o telenovelas).

El mejor sexo es el que carece totalmente de inhibiciones, y “las señoras de mediana edad” se deshicieron hace mucho tiempo de éstas. Por el contrario (y para la amargura de los hombres), las mujeres jóvenes se sienten inseguras, siempre preocupadas por el tamaño de sus pechos, la forma y el peso de su cuerpo, celulitis, estrías, color de pelo, manicura, ropa, lugares que les gustaría ver o cosas que quieren necesariamente hacer, dando la sensación de una vela que “se consume”, quemándose demasiado rápido... con egoísmo e indiferencia, manifestados especialmente hacia aquellos que las mantienen. Y eso es completamente malo, porque simplemente a nadie le gusta ser utilizado como un cajero-pagador, sintiendo que despierta el interés sólo porque logra satisfacer los caprichos de una consentida. Y lo peor es que, de todos modos, tarde o temprano, va a ser cambiado por otro (sin restricción o remordimiento alguno), o bien porque la cansa con sus esfuerzos desesperados para que sea interesante, o bien porque representaba “algo” de que ella simplemente se aburrió.

Por otro lado, el joven que logró conquistar a una mujer en la flor de su vida tiene la posibilidad de experimentar una satisfacción más emancipada. La revelación de que una mujer que vivió más relaciones amorosas o incluso fue casada o es cortejada por un montón de otros hombres “importantes” acaba de recogerlo a él (y parece que se siente bien en su compañía), lo hará ganar una confianza extraordinaria en su personalidad y capacidad para vencer.

Si analizamos esta situación incluso en términos fisiológicos, el hombre alcanza la cima de su sexualidad al final de la adolescencia, mientras que las mujeres llegan a este punto alrededor de la edad de 40 años, lo que significa que el amante inexperto encaja muy bien con a “estilada”.

La mujer madura no es ni complicada, ni simple. Pero una cosa está clara: tiene suficientes rasgos que le son favorables en relación con un adolescente. Parece que puede compararse con el vino, ya que la edad hace que sea más valiosa. Por último, pero no menos importante , es muy reconfortante que una pareja de este tipo tenga suficientes conocimientos como para ofrecer consejos, soluciones, ideas y, por último, cuando sale a cenar en un restaurante, sepa pedir el mejor vino y, además, tener los medios financieros para pagar por ello.

Así que... si ama a una mujer de este tipo, sea feliz, disfrute de su historia y no se preocupe por los que van a culparle. ¡Están muy lejos de comprender o sentir al menos un poco de las alegrías y placeres excéntricos que usted experimenta!

¡Mucha suerte!