¿Qué es lo que suele hacer la gente antes de tener relaciones sexuales?

¿Qué es lo que suele hacer la gente antes de tener relaciones sexuales?

Ya sea si es probado sólo en ocasiones, al igual que las bebidas finas, o si tiene su lugar privilegiado en la agenda diaria de los protagonistas, el sexo trae la misma satisfacción comparable sólo con un gran premio de lotería.

Cuando esto no sucede espontáneamente, la anticipación de este tipo de contacto físico genera dos tipos de actitudes completamente distintas.

Mientras que los hombres esperan el gran momento de la felicidad suprema únicamente con una ducha caliente y un condón resistente a múltiples provocaciones, las mujeres sienten la necesidad de pasar por todo un ritual de preparación. Como si el éxito del acto en sí sería directamente proporcional al tiempo pasado en el salón de belleza, la longitud de las uñas o el color de la ropa interior.

Obviamente, el escenario se aplica a las situaciones en las que los dos se encuentran en su primer delito erótico o, como máximo, en la etapa temprana del “romance”, es decir, en ese período de “oro”, cuando ambos se esfuerzan arduamente para lograr la perfección en lo que hacen o, por lo menos, dejar esa impresión.

El impulso de hacerse notar recíprocamente de manera positiva disminuye gradualmente hasta llegar a una etapa en la que el ambiente romántico, los juegos previos o el peso extra ya no importan mucho. La aceptación toma el lugar las apariencias, la resignación el lugar de la esperanza y el sexo no depende de las circunstancias y expectativas de gran tamaño, sino sólo de los impulsos del momento. ¡Ellos también esporádicos!

Sin embargo, antes de llegar al “nivel” de la transparencia y a la entrada en la aburrida zona de la rutina, el día el sexo representa un gran evento marcado en rojo en el calendario, al que los señores esperan como a una comida festiva después de un día de ayuno y las mujeres con la cabeza llena de agitación, preguntas y “escenarios”. Porque, como ya se ha mencionado, si a los hombres les basta una ducha caliente y unos preservativos (en los casos felices), las mujeres conciben todo tipo de estrategias para asegurarse de que las cosas van a ir de acuerdo a los más altos estándares.

Por lo tanto, el período anterior al “libertinaje” propiamente dicho se desarrolla, lo más probable, de la siguiente manera...

Para los hombres:
-Se despierta con mucha dificultad. Es sudoroso y excitado por lo con que ha soñado. Se calienta las manos mientras se dirige rápidamente hacia el baño. Resuelve concentrado... su tensión. Hacer una breve ducha. No se olvida de ponerse un poco de loción de después de afeitarse, incluso sin haberse afeitado. Él sabe que tendrá sexo.
-Toma un desayuno suntuoso. Piensa en el sexo.
-Corre al trabajo. Espera nervioso en el semáforo. Piensa en el sexo.
-Llega al trabajo. Piensa en el sexo.
-Toma un breve descanso. Habla con sus colegas acerca de los deportes. Piensa en el sexo.
-Vuelve al trabajo. Piensa en el sexo.
-Es la hora de almorzar. Come. Con gran entusiasmo, incluso. Piensa en el sexo.
-Termina su trabajo sólo a mitad. Dice unas malas palabras “silenciosas”, dirigidas a su jefe. Piensa en el sexo.
-Se va del trabajo. Se reúne con su novia. Cenan. Él piensa en el sexo.
-Tiene sexo.

Para las mujeres:
 -Se despierta estresada. Se da cuenta de que se olvidó de comprarse un nuevo par de medias. Pasa una hora bajo la ducha.
-No sabe lo que va a llevar esta noche. Coloca la ropa encima de la cama. Le falta exactamente lo que necesitaba. Tiene un poco de hambre, pero no desayuna. Se va apresurada y estresada. Todavía no ha decidido lo que va a llevar...
-Llega al trabajo. Convoca a una de sus colegas más cercanas y no envidiosas. Se avanzan hipótesis, se requieren consejos, se cambiar impresiones, se toman decisiones. Incluso vitales.
-Hace todo lo que tiene que hacer en gran prisa. Se felicita de que se tomó el tiempo el fin de semana para ir a depilarse.
-Toma, pensativa, el almuerzo. No come mucho, porque debe tener mucho cuidado con la “panza”. Visualiza de manera ficticia su ropa, limitando sus opciones a tres, vamos, como mucho... cuatro variantes. Es francamente eufórica al pensar que el otro día se compró ropa interior nueva. De encaje.
-Llama a su mejor amiga. Se avanzan hipótesis, se requieren consejos, se cambiar impresiones, se toman decisiones. Igualmente “vitales”.
-Trabaja un poco más. Lamenta que se haya saltado las últimas dos sesiones de gimnasio... habrían estado en mejor forma. Piensa de nuevo en la “panza”.
-Invoca dolores de estómago y pide permiso para salir antes. Va a arreglar sus cejas, a pintar sus uñas y al peluquero.
-Llega a casa. Se decide sobre una de las variantes de vestirse. Cambia de opinión... por lo menos cuatro veces.
-Pasa una hora debajo de la ducha. Luego, 20 minutos se cepilla los dientes. Tarda 30 minutos en maquillarse. Y otros 15 en vestirse. Se reserva otros 15 para los toques finales.
-Cambia de nuevo de opinión sobre su vestido. Dos veces (demasiado tarde, ya no tiene tiempo para cambiar). La colonia, los zapatos, la cartera, las llaves... se mira, una vez más, infeliz, en el espejo.
-Pide un taxi. Llega al lugar de encuentro. Come, bebe, se ríe en voz alta, cuenta, está muy entusiasmada y estresada al mismo tiempo, anticipa momentos, verifica ocasionalmente su lápiz labial, su teléfono y su pulso, de nuevo se ríe en voz alta, es impaciente.
-Llega a casa de él. Hace el inventario. Inspecciona la limpieza, el romance y el olor del lugar. Se quita la ropa. Trata de respetar el plan. No se recuerda lo que seguía...
-Hace sexo.

Aunque el escenario es un poco exagerado, refleja, en cierta medida, las diferencias entre mujeres y hombres, entre la manera sencilla y práctica en la que los hombres se están preparando para la acción y los esfuerzos sobrehumanos (de comportarse, oler y verse) que las representantes del bello sexo invierten en la idea de la fusión carnal. Y que, obviamente, disminuyen con el paso del tiempo, sin llegar, sin embargo, nunca a la serenidad y a la falta de estrés, específicas de los esfuerzos de los hombres (¡tal vez eso es un problema genético!).

Pero las cosas no funcionan así indefinidamente. Con la evolución de la relación, las mujeres ya no escandalizan si se les toma “por sorpresa” en situaciones indignas (para una sesión ad-hoc imprudente), como en pleno proceso de cocinar, de manera picante y concienzuda, mientras limpian, despeinadas, la casa o incluso el día cuando se saltaron fatídicamente la sesión de depilación de bikini.

Después de meses o años de convivencia y sexo repetido, las señoritas más rígidas que un organizador profesional de eventos solemnes se hacen más tolerantes con respecto al lugar y al modo de cómo debería desarrollarse el episodio erótico, y también con su aspecto personal o con el tiempo asignado a las posibles preparaciones especiales a este respecto.

En otras palabras, viven más intensamente el momento, sin preocuparse de que no usan la ropa interior más sexy de la “nueva colección”, que no se han cepillado los dientes en la última media hora o que son un cuarto dormidas y pensando en el programa de televisión favorito.

Lo que no está nada mal. Por supuesto que los hombres quieren una pareja limpia, arreglada y perfumada, que los atraiga con un “paquete” provocativo y, posiblemente, con una serie de movimientos lascivos. Sin embargo, más allá de la simetría de las cejas, de la ausencia total del pelo en las áreas “estratégicas” o de las manos fuertemente hidratadas, los señores aprecian la confianza, la facilidad y la contribución femenina activa en la realización del momento. Su ausencia no puede ser compensada ni siquiera por 10 horas compactas pasadas ​​en el salón de belleza.

No se debe entender de aquí que está bien que las señoras no den importancia a su imagen o al papel crucial que juegan en la estética sexual de la vida de pareja. Puede ser que los hombres sean conquistados por la desenvoltura, pero eso no significa que les gusta la mediocridad o las apariencias negligentes, “vellosas” y envueltas en el olor de la carne asada (aunque... allí hay incluso excepciones). Más aún, ya que, con la instalación de la monotonía en el dormitorio, el sexo debe ser revivido por cualquier medio.

Por lo tanto, los esfuerzos deben dirigirse tanto a la apariencia física como en lo que es de la actitud abordada, de una manera razonable y sin excesos.

Los extremos no son, en ningún caso, deseables, ni en un sentido, ni en el otro. Esto es válido tanto para la descendencia de Eva que planifica cuidadosamente sus encuentros sexuales con 2 semanas de antelación, como también para las mujeres menos interesadas. Los seguidores de Adán tampoco deben olvidar que, aparte del ritual de ducha y los preservativos relacionados, sería beneficioso arreglarse los otros “detalles” que le deben a sus parejas. Tanto si se trata de romance, sensualidad, ir al gimnasio o quitarse la barba no afeitada desde la Prehistoria.